MI Carlos García Fernández Estás en la web del Club Escacs Cullera

       



            Heteróclito, egocéntrico, genial, torpe, intemporal, turbulento, bohemio, encantador, descosido, popular, negociador, afectivo, soñador, generoso, entrañable y... perezoso.

            Les propongo un juego; no sigan leyendo y adivinen de quién se trata.

            C. Justifica su existencia entablando una encarnizada lucha contra el tiempo, ese asesino que deja huellas, aunque el tiempo de C. es mas temible porque no las deja.

       Mi teoría es la de un C. Parmeneide que no permite que el devenir del tiempo haga estragos en él y en su memoria y por esa causa se resiste al cambio negando las heraclitianas  ventajas del movimiento, del avance, del olvido. C. repite siempre la misma respuesta ante el mismo estímulo, el psicólogo ruso Paulov hubiera estado encantado con él, y,probablemente en un mundo de certezas matemáticas las soluciones serían suyas (un problema, una solución) sin embargo en el mundo que nos ha tocado vivir impera el caos y... ya saben si no puedes con tu enemigo únete a él.


      No pretendo analizar psicológicamente su caso, pero si contribuir a desvelar algunos aspectos relacionados con el ajedrez: un amigo mutuo describe así su carácter: "es como una batería que se va cargando y... cargando hasta que finalmente estalla" y el caso es que una trivialidad la puede convertir en toda una tragedia; no sería, quizá mejor invertir el proceso y asumir de una vez por todas el caos reinante. Estoy convencido que obtendría la llave maestra con la que abriría muchas puertas (sobre todo las más ansiadas por él). Otra pregunta que flota en mi mar de dudas es ¿por qué siempre lleva un sobrepeso? (una suerte de miniequipaje que contiene: ropa, alimentos, bebidas, diarios, libros, paraguas, etc.) es que teme alguna catástrofe nuclear o, simplemente intenta compensar los efectos gravtatorios de ciertos astros; deberia hacer suyo el poema de Keats "A thing off beauty is a Joy for ever", así tambien abriría "otras" puertas más viscerales. Quizá su destino le vende las puertas terrenales y San Pedro le abra las puertas del cielo, sin embargo estoy seguro que C. negociaría hábilmente su entrada en el paraíso.

       El ajedrez de C. Es un fiel reflejo de su filosofía repite "siempre" lo mismo ante lo mismo.

       Esta estrategia tiene sus ventajas pero si agregamos los inconvenientes a la balanza se muestra cláramente favorable a estos últimos, pongamos algunos ejemplos: se pueden llegar a desconocer muchas posiciones (los grandes jugadores conocen muchas), por lo tanto estamos miniaturizando algo que de por si (el ajedrez) es grande. Este inconveniente por su carácter intrínseco del juego lo hace irreversible, negándole las bonanzas de la alta estrategia.

      El elemento sorpresa no aparece en el diccionario ajedrecístico de C. exceptuando algunas divertidas extravagancias como 1.h3, otro problema que surge como consecuencia de lo anterior es que a él si lo pueden sorprender, y esta posibilidad en el ajedrez actual se intenta reducir al mínimo posible.
      C. por su talento, que indudablemente lo tiene puede otorgar ventajas, pero no tantas y solo a ciertos jugadores de esta forma, se está o mejor dicho se ha cerrado el paso a niveles superiores, si hubiera percibido ese enfoque erróneo, en el momento adecuado, sería desde hace mucho tiempo MI. Sin embargo subsanando este defecto puede lograr todavía el ansiado título.

      El ajedrez de C. es pura fuerza bruta, basado en un portentoso cálculo (probablemente el mejor de los valencianos, y quizá uno de los mejores españoles), desglosa las líneas forzadas con una asombrosa facilidad y rapidez. Le hemos visto dar mates difíciles con muy pocos segundos en su reloj.

      En la modalidad de active chess es un auténtico GM y este verano ha sido el jugador valenciano que más dinero ha ganado.

      La apertura, sobre todo el medio juego y los finales los juega muy bien si no se dan ramificaciones que escapen a su cálculo, cuando este desaparece u oscurece los problemas le sobrevienen y a veces carece de los recursos necesarios para salir airoso.

      A un jugador como C. que basa toda su fuerza en el cálculo y la dinámica de las piezas al modo de las últimas generaciones de programas y procesadores como Pentium, Deep Blue, etc. Se le debe intentar ganar creándole debilidades y aguantando el temporal para llegar a finales ventajosos, otra alternativa que juzgo interesante es desviarle de las lineas forzadas, soprendiéndole con algún sacrificio de peón o de pieza basado en lo intuitivo, golpeando con el "martillo" de Thal (la fantasía) se puede derribar a cualquier coloso. Desde aquí le deseamos que entre en el paraiso sin negociaciones previas, aunque dudo mucho que aceptara una invitación.

Artículo de Fernando Mancebo para NOVA (Nº 3, 1995),
publicado con el especial consentimiento del editor al CEC.